Mención honorífica a pianista invidente | FOAL

Mención honorífica a pianista invidente

Presentar un examen profesional en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con un concierto que los sinodales califiquen de impecable para dar mención honorífica al alumno es algo fuera de lo común.

Martes, 25 Abril, 2017 - 07:15
Mónica Mateos-Vega / LA JORNADA MAYA / MÉXICO

Por eso, cuando hace unos días se difundió que el joven pianista José Antonio López Gutiérrez (Ciudad de México, 1988) lo había logrado, la noticia corrió como pólvora en la comunidad universitaria y causó orgullo entre los estudiantes.

Toño, como lo conocen sus compañeros, es invidente. A mediados de los años 90 del siglo pasado, hallar una escuela de música en la Ciudad de México que lo aceptara como alumno fue difícil. Ningún maestro se sentía preparado para enseñarle piano de manera profesional.

Hasta que un día, la madre de Toño se enteró de que en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, hoy convertida en facultad, la maestra Adriana Sepúlveda instruía a pequeños con alguna discapacidad.

El grupo estaba lleno y no había algún chico invidente. No obstante, la profesora Adriana aplicó una prueba a José Antonio. Le pidió que tocara algo. El pequeño eligió Danubio azul, de Strauss, pieza que había aprendido de oído.

Cuando Sepúlveda lo escuchó, dijo al niño de nueve años y a su madre, sin más preámbulos: "Los espero el próximo lunes para comenzar a trabajar".

Manos del pianista tocando el piano (Fuente www.lajornadamaya.mx)Como consta en actas

Han pasado casi 20 años de esa anécdota que hoy los tres recuerdan como el inicio de un arduo, pero satisfactorio camino.

Toño obtuvo el título de licenciado en música, especializado en piano, con un recital inolvidable para los que asistieron: los 12 preludios y fugas del Clave bien atemperado volumen uno de Johann Sebastian Bach (1685-1750), el cual fue perfecto, sin una nota falsa, como consta en actas.

El concierto, de poco más de una hora, recibió una larga ovación, además de mención honorífica del jurado. Lo primero que hizo el nuevo graduado, luego de rendir protesta, fue agradecer a la UNAM por abrir sus espacios educativos a alumnos invidentes y se comprometió a engrandecer el arte musical.

José Antonio ingresó al Centro de Iniciación Musical de la máxima casa de estudios en 1998, tomando clases en grupos regulares. En casa practicaba en un teclado, pues carecía de piano.

“Desde chiquito tocaba música de oído. Fue en la primaria de ciegos a la que asistí donde el maestro Delfino Morales, también invidente, me enseñó algunas notas.

Me gustaba la música popular, me decían que era un radio caminando porque me aprendía hasta los comerciales. Ya en la UNAM pude moldear y perfeccionar mi habilidad, limpiarla, explica el pianista en entrevista con La Jornada.

José Antonio reconoce que le costó trabajo encontrarle el gusto a la música académica, fue difícil acostumbrar mi mente y mis oídos, pero no me tomó mucho tiempo. A los 11 años de edad ya me habían atrapado Chopin y Mozart. Fue otro mundo. Con el tiempo me comenzaron a gustar también los compositores mexicanos, como Manuel M. Ponce.

Un día, narra, llegó a sus manos el Clave bien atemperado de Bach y se enamoró del autor; "me gustó su complejidad porque las fugas requieren mucha concentración. Es como estar atendiendo al mismo tiempo cuatro o cinco conversaciones, las líneas melódicas, totalmente independientes pero conectadas. Con Bach, el cerebro se divide en cinco al mismo tiempo, a diferencia de Chopin donde el virtuosismo radica en la velocidad. En Bach no vuelan mis dedos, sino mi capacidad de concentración, ¡es la mente la que vuela!"

Preludio y fuga para La Jornada

El maestro López Gutiérrez interpreta para La Jornada el Preludio y Fuga No. IV en do sostenido menor BWV 849, su favorito. Estamos en la sala Huahuacóyotl, de la Facultad de Música, su alma máter. La partitura fluye de su memoria con cadencia para hinoptizar al público.

Listas para tocar en cualquier momento tengo aprendidas unas 15 o 20 obras, prosigue. “Por supuesto he estudiado miles, y para presentar un concierto tendría que estudiar algunas con anticipación.

“Desafortunadamente en México hay poca musicografía braille. Tenemos que solicitar las partituras al extranjero y a veces es muy tardado, por lo que en ocasiones debemos transcribirlas, lo cual también toma mucho tiempo.

“Por ahora me ha funcionado tener la ayuda de alguien y trabajar de oído, pero hay partituras que lleva hasta dos años estudiar, pues hay que memorizarlas.

“Esa fue la principal dificultad a la hora de estudiar: buscar a alguien que me ayudara y tener que adaptarme a sus horarios para que pudiera leerme.

“Por fortuna, ahora tengo en mi computadora unos programas que me permiten pasar la información en audio, para escucharla en el momento que yo quiera, lo cual me da más libertad para aprovechar mejor el tiempo. Me habría gustado tener en la secundaria y en la prepa esa tecnología.”

Toño prefiere hablar de las cosas que disfrutó durante sus estudios en la Facultad de Música: Lo mejor de estos años en la UNAM fue la convivencia con los compañeros, y con los maestros, por supuesto, porque me tocaron siempre profesores muy accesibles, con una forma de dar clases amena y apasionante. También llevé materias teóricas, hubo que leer mucho.

La madre de José Antonio, Teresa de Jesús, es su incansable compañera. Ella debió aprender a leer partituras para acompañar los estudios de su hijo, lo que disfrutó porque en su juventud incursionó en la música; tocaba el acordeón.

“Mi mamá siempre creyó en mí. Aunque no siempre sucede que los padres apoyen. Por ejemplo, soy maestro de una banda de músicos, pero ninguno de los integrantes se dedica profesionalmente a la música, porque en sus familias todavía creen que de la música no se vive. Los apoyan para estar en la banda, pero a cambio les exigen estudiar otra carrera".

“Por eso –prosigue Antonio López Gutiérrez– recomiendo siempre a los padres que crean en sus hijos si tienen la vocación de la música o cualquier otro talento, sean ciegos o no. Hay que atreverse, que no se desanimen, que los apoyen; eso es invaluable.

“Sí se puede vivir de la música. Me di cuenta de ello cuando comencé a trabajar en una iglesia cantando en la misa de los sábados, aunque no faltan también las personas que piensan que no se debe cobrar. Por eso hay que concientizar a todos de que la música tiene un valor, que es una profesión que debe ser remunerada, como cualquier otra.

Los músicos debemos seguir luchando para que nuestra profesión sea más valorada. Creo que vamos ganando.

El siguiente reto de José Antonio López Gutiérrez consiste en cursar la maestría en órgano, instrumento que le parece “muy imponente, sobre todo cuando se manejan los pedales; hay que tener bien localizadas las notas para poder tocar, y además utilizar los pies para tocar una melodía. Eso me impresiona, quiero investigar y aprender al respecto.

“Me gusta escuchar a Bach en los instrumentos originales, por ejemplo, el clavecín. Mi mente vuela a la época barroca, que me encanta, me imagino los palacios en Europa, las cortes, las construcciones, cambio hasta de ambiente, pienso que estoy en otro lugar. Luego de la maestría en órgano quisiera hacer mi doctorado en clavecín".

Experimentar, trabajar y poder compartir mis conocimientos es lo que sigue después de haber obtenido la licenciatura, concluye el maestro pianista José Antonio López Gutiérrez.

Acceso  a la entrevista en la web: www.lajornadamaya.mx.