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Julissa, una abanderada de primaria no vidente

Entrevista publicada en EL UNIVERSAL de Guayaquil (ECUADOR) y que por su interés reproducimos

No ha sido fácil para ella, una niña no vidente a quien esa discapacidad no le ha impedido convertirse en la próxima abanderada del pabellón de la ciudad, en el Juramento a la Bandera del 26 de septiembre.

24/05/2010- EL UNIVERSAL / GUAYAQUIL

Julissa olvidó ayer su bastón, pero tampoco le hizo falta. Se conoce casi de memoria los caminos del Liceo Panamericano, donde ha estudiado los últimos ocho años de su vida.

Mientras sus compañeros del séptimo año básico ensayaban el paso de la marcha en medio de cantos cívicos, ella recordaba que su principal motivación para estudiar no era personal. Quería destacar para demostrarles a quienes como ella nacieron con alguna discapacidad que todo es posible con dedicación y fuerza de voluntad.

“Mi sueño es estudiar lenguas, ser profesora o la informática”, confiesa con
timidez. El ensayo se  detiene. Es la hora del recreo y ella se acerca al bar.

Compra una empanada y se la come, mientras juega con su pelota de básquet, “la pelota española”, como ella la llama y que tanto le gusta porque suena cada vez que rebota.

La retinopatía de la prematuridad con la que nació después de un proceso de gestación que se interrumpió a las 27 semanas le provocó la ceguera, aunque Julissa está convencida de que a veces “los que pueden ver son más ciegos que los que no ven”. Su madre, Jacqueline Villamar, la describe como una niña inquieta, empeñada en romper las barreras del mundo de no videntes. “Le molesta la injusticia, que no se cumpla con sus derechos, que se los margine”.

Si Julissa Estefanía Chippe Villamar, una testigo de Jehová de 11 años, ha logrado sobresalir entre sus compañeros ha sido también por la dedicación de su madre. Ha sido a esta médica general a quien le ha tocado transcribir los textos de decenas de libros al lenguaje braille para que su hija los pudiera leer y estudiar. “Pese a todos los esfuerzos que se hacen para integrar a los niños con discapacidades, aún no se han creado materiales didácticos para ellos”, dice ella  inconforme.

Jacqueline no ha escatimado en darle a su única hija todas las tecnologías a las que pueda acceder para que no se quede rezagada en sus estudios.

Dentro del salón de clases, Julissa utiliza una laptop en la que escribe la clase de gramática que su maestra Shirley Lozada les dicta a todos sus compañeros.

En la pantalla del computador portátil pone los ejemplos de las oraciones en las que debe señalar los adjetivos. “Es muy activa e inteligente, enseguida capta todo”, dice de ella su maestra. Para esta profesora, tener  una alumna con capacidades especiales también resultó un desafío. “Me puse nerviosa al principio, porque era un camino nuevo para mí”, cuenta Lozada, quien reconoce que cuando Julissa llegó a sus manos “ya estaba muy avanzada”.

A quienes  les costó más fue a sus primeras educadoras. Silvia Murillo, por ejemplo, la recibió en el kinder cuando Julissa tenía apenas 4 años. “Me apoyé en la mamá para que me ayudara con el lenguaje braille, tuve que hacerme más descriptiva, porque de repente estábamos en el parque y ella se quedaba en el salón, tenía que regresar por ella”, dice Murillo.

Julissa no siente que le falte un sentido porque su madre no se lo ha hecho notar. No puede ver la hora en su reloj, pero le basta presionar una tecla para que una voz le repita con exactitud los minutos y segundos. La semana pasada le dieron un celular con televisión en el que puede escuchar sus programas preferidos. Si quiere marcar un número, una voz le repite los que ha discado para confirmar si está o no en lo correcto.

“Puedo andar en bicicleta alrededor de la manzana de mi casa. No me choco con nadie porque mi bici tiene un sensor que me avisa si alguien está cerca”, cuenta entre risas.

Con sus amigos y familiares prefiere jugar a las escondidas. “Simplemente se detiene en un sitio y dice que ya está escondida, pero nosotros la estamos mirando”, dice su mamá.

Julissa estudia piano y canto en el conservatorio Sergei Rachmaninov y también toma clases privadas de inglés. “I have many friends”, dice sonriendo la abanderada, orgullosa de tener el aprecio de sus amigos.

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