"La escena me estremeció y me fui muy mal a mi casa. Estuve mucho tiempo pensando qué podía hacer", recordó aún con rabia. "Entonces decidí traducir una serie de grabados a relieves escultóricos".
La iniciativa, financiada con fondos estatales, fue un fracaso inicialmente. La copia simple de las obras al relieve metálico no permitía a los no videntes entender qué era representado.
"La primera obra tuve que hacerla 15 veces pues la gente no la entendía al tocarla. Mi subjetividad era distinta a la de ellos", explicó. El tacto tiene dimensiones diferentes a la vista, ahondó.
Iván Sanhueza, un ex obrero de la construcción que en marzo de 2011 quedó ciego a los 44 años por un glaucoma, agregó que cuando las personas deben descubrir el mundo por el tacto perciben otras cosas.
"Cuando fui a la muestra de Maricel en Espacio Matta, que me tocó inaugurar, sentí lo que ella había hecho, su proceso y por eso necesité tocar sus manos, diferentes a las de un obrero", detalló.
"Fue maravilloso participar en esto. Me encantaría pasar un día en su taller comprendiendo su trabajo", insistió Sanhueza.
A diferencia de la literatura, donde la traducción es un acto individual, el traspaso de los grabados al relieve fue así un espacio intercultural, entre quienes viven en la luz y quienes lo hacen en el tacto.
"Fue un proceso creativo grupal, donde me ayudaron personas no videntes de distintas edades del colegio Santa Lucía. Los obras fueron fruto de un consenso, de un concepto trascendental", dijo la artista.
"Fui descubriendo que los rostros requerían líneas más limpias, que lo que para nosotros es luz para ellos es sombra. Es decir, lo convexo es luminoso y lo cóncavo es sombra al tocarlo en un relieve", sostuvo.
La escultora, que tuvo que realizar hasta 20 veces obras de tinte abstracto como El Roble de Santos Chávez, sostuvo que por tanto "el tacto invierte la lógica hegemónica de lo visual".
El director de Extensión de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), Boris González, planteó que el proyecto es en definitiva "un ejercicio de democratización del arte, un modo de inclusión".
Maricel Gómez de la Errechea cree que su muestra inaugura senderos de diálogo y creación inexplorados. "Fue impresionante ver el lazo que nacía entre niños videntes y no a partir de experimentar estas obras".
"Hay mucho por hacer, abriendo las lógicas tradicionales del arte. Este trabajo abre campos ilimitados", insistió emocionada.
Por ello, Boris González anticipó que apoyarán el proyecto de la escultora, quien es además académica en dicha casa de estudios del puerto de Valparaíso, ciudad cuna del modernismo latinoamericano, el movimiento que otorgó voz literaria propia al continente.
"La idea es darle más riqueza al proyecto, traducir obras abstractas, hacer talleres de arte para los no videntes, incorporar otras disciplinas, recorrer Chile", enumeró el director de Extensión de la UPLA.
Maricel está consciente del reto y sueña con hacer una muestra de la pintura latinoamericana que recorra el continente. "Sólo en Chile hay 15.000 grabados donados al Fondo de las Artes", recordó.
Verónica Tapia, coordinadora de Espacio Matta, lugar donde fueron expuestos los relieves, anticipó que ahora desean acometer la traducción del pintor surrealista chileno Roberto Matta (1911-2002).
"Debo traspasar el sentido del artista, su mirada, su pasión. El Matta que hay que rescatar no es el elitista, sino el que vino a pintar a este barrio de clase trabajadora, a hacer un mural en una piscina con los vecinos", planteó Maricel Gómez de la Errechea.
Es un reto cargado de simbolismo. Los amplios salones de Espacio Matta, ubicados en medio de algunas de las villas miseria más bravas de Santiago de Chile, fueron erigidos en torno al mural que Matta pintó en 1972 con los vecinos y que luego fue pintado encima, invisibilizado por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) por la filiación de izquierda del artista.
"Nadie creyó que podríamos recuperarlo y hacer un espacio para el arte en estos barrios", explicó Tapia. Como talvez nadie imaginó traducir pinturas abstractas al mundo de los no videntes.
Sin embargo, más allá de los desafíos futuros, todos coinciden en que el mayor valor de la iniciativa es abrir el arte a millones de personas.
"Cuando inauguramos la muestra, sentimos un sobrecogimiento absoluto, fue muy emocionante ver cómo el arte generaba un alumbramiento por primera vez en una persona", evocó Boris González.
"¿Esto es el arte?", preguntó a viva voz uno de los no videntes que visitó la muestra, recuerda la escultora para quien "la idea es crear un espacio intercultural en que no videntes y videntes puedan hablar del arte, rompiendo barreras".